Encore

Inútil, desesperado, hastiado. Así me sentía, maldita rutina, como la detesto. Agradezco el no considerarme conformista, gracias al mundo no me contento con resignarme a pasar siempre por lo mismo, cada vez que me siento así. Lástima me dan aquellos que al estar deprimidos por sus vidas intentan consolarse comiendo helado mientras ven la televisión, pobres que creen anular su rutina retomando otra. No sé si entienden mi punto, sino me da igual, no estoy de ánimos para explicarme. Salí de mi hogar sin rumbo, así es, si no saber donde ir puedes escapar de la cotidianidad...ahí es cuando me enorgullezco de mi total ausencia del sentido de la orientación.
Caminé, caminé, encendí un cigarrillo mientras me dirigía a no-sé-qué-lugar.

Photobucket -"Un museo..."- era evidente que lugar era, ya que en letras enormes (exagero, pero si eran grandes) salía "museo Ralli".

Estos lugares no me desagradan, al contrario me gustan bastante, son lugares donde nadie te mira extraño por caminar como zombie con la mirada perdida en coloridos cuadros o extravagantes esculturas. Lamentablemente había más gente de la que pensaba.

-"Es verdad, es el día del Patrimonio cultural"- pensé desganado, sin embargo no salí del lugar, quizás por pereza de buscar una nuevo no-sé-qué-lugar o quién sabe.

Al entrar una mujer tan alegre como un escolar el lunes en la mañana, se acercó a mi y me entregó unos panfletos con algo de información acerca del día del Patrimonio y me pegó una calcomanía, ¿Acaso me vio cara de infante?. Como sea, intenté no darle mayor importancia.
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El lugar era bastante amplio y agradable, me impresionó, desde afuera no lo parecía. Recorrí el primer piso una o dos veces antes de concentrarme en alguna obra. La primera que llamó mi atención se llamaba "tres mundos", era colorida y tenía una temática cirquera, puede que esta haya sido la razón principal por cual me agradó tanto, siempre he dicho que si no hubiera convivido con una familia que me presionaba para ser un empresario, muerto de risa y con todo el gusto del mundo me habría unido al circo. Hacer asombrosas acrobacias y usar esas coloridas mallas, si, las mallas también me gustan. Bueno, tuve bastante de soñar despierto acerca de mis sueños frustrados de cirquero. Seguí por uno de los pasillos, había una escalera subterránea cerrada y un gran cuadro en la pared. Los colores me gustaron, se mezclaban los cálidos con los fríos. No obstante el dibujo tenía cadáveres y cuerpos humanos sobre una especie de balsa.

-"La lucha por sobrevivir"- se me vino esa frase a la mente, justamente eso estaba haciendo en esos instantes, sobrevivir a la rutina.

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Un escalofrío recorrió mi espalda, decidí seguir caminando y buscar algo que no me recordara mi situación actual. Al entrar al pasillo principal gran cantidad de gente apareció de la nada, no acostumbro a ver tanta gente en museos o galerías, algunos traían a sus hijos pequeños, hablaban, caminaban a ritmos distintos, me sentí mareado. Al mirar a mi derecha me percaté de un cuadro que recreaba la escena de parejas bailando en un gran salón, había un hombre sombra y otro accediendo recientemente a la habitación. Si bien tenía colores era opaca, no sé si se opacaba por el sentimiento de extrañes que causaba en mí o si realmente lo era.

En otro lugar del museo se exponían obras mucho más coloridas, me sentí a gusto. También habían esculturas en medio del salón, me percate de ello cuando casi caigo arriba de una, si, también soy una persona distraída. Pinturas con toda variedad de colores, imágenes, tanta falta de coherencia en aquellas que llegue a sonreír. Siempre me han divertido este tipo de obras.

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Las esculturas eran todas de bronce, retrataban la anatomía humana, había un tronco de mujer en el patio del lugar, una gorda en bicicleta, se que no suena agradable, pero eso era, me encontré con mujeres en distintas poses, arrodilladas sin expresión alguna, otras sentadas intentando protegerse de un enemigo invisible y otras con una pose digna de revistas pornográficas, no todas eran solo de mujeres desnudas, otras presentaban una conversación entre un hombre y una mujer de épocas antiguas; en fin, una variedad grande de esculturas.

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Subí al último piso, un guardia cruzó su mirada conmigo, me recordó a la mujer que me "dio la bienvenida" al museo, sus caras de alegría y felicidad absolutas eran similares. me tropecé con esculturas de Dalí y pinturas de Chagall, las de este último poseían colores claros y tenían un carácter algo infantil. Las esculturas de Dalí eran las únicas que mezclaban el negro con otro color, lástima que este haya sido dorado, no me gusta. Sin embargo las pinturas y esculturas tenían algo, il a un je ne sais pas quoi , como me gusta decir.

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Al acercarme a la escalera para salir del museo, visualicé de reojo un cuadro cálido, mucho rojo, naranjo y amarillo, cómo me agradan esos colores, tan fuertes, tan enérgicos. Mostraba diversos tipos de personas, bajos, gordos, altos, flacos, mujeres, hombres, viejos. Todos con la misma tonalidad de piel, una mezcla se verde con celeste.

-"Al parecer todos tendremos siempre algo en común"-reflexioné bajando las escaleras.

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Al salir del museo me encontraba más tranquilo, el sentimiento de hastío y desagrado desapareció por completo. Me dispuse a volver a mi apartamento, era la hora de las cena cuando llegue a este. Tenía hambre y no había con qué cocinar, que otra escusa mejor para ordenar una celestial pizza, la comida chatarra es el placer de los dioses. Gracias a mis gustos por este tipo de comida me alegro de ser hombre, la mayoría de las mujeres que conozco quedan con remordimiento al comer comida chatarra, ¡viva el metabolismo masculino!. Lo siento, divague un poco...


Museo Ralli, Alonso de Sotomayor 4110. Santiago, Chile.

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